Andrés de Luna: Rituales del deseo

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Portada del libro
Portada del libro

Eduardo Mejía reseña este libro de Andrés de Luna publicado por Ediciones B.

Cuando se agotan todas las posibilidades del amor erótico, incluidas las fantasías y la imaginación, ¿qué sigue? ¿Sublimarlo, despojarlo de los sentimientos, comercializarlo, darle otros nombres? Todo, menos hacerlo aburrido, es la fórmula del especialista Andrés de Luna, quien mantuvo mucho tiempo una columna semanal dedicada al tema, con toda la gama que se le ocurría: expurgar novelas, fatigar (de sus verbos favoritos) todas las cintas que rozaran el asunto, fueran dramas o comedias, descubrir guiños en obras que los demás ven sin advertir, encontrar la belleza en la fealdad y lo divertido en el hartazgo.

Así, ha publicado una diversidad de libros, desde el muy ilustrado (no siempre con fortuna) “Erótica” (Océano, 2003) hasta el muy reciente, sin ninguna ilustración, “Rituales del deseo”; pero si aquél parecía más un recuento que una divagación, éste explora todas las posiciones imaginables, todas las maneras de hacer combinaciones de género y número, las que devengan en placer, lujuria, satisfacción o sólo cumplimiento del deber; intenta explicarse el por qué de la desbordada exageración de Casanova, y por qué la sexualidad es una de las maneras de la insubordinación, de la libertad y de lo provocativo, aun en las situaciones menos subversivas posibles, matrimonios inclusive.

Como siempre, encuentra donde aparentemente no hay, y no se escandaliza, aunque le gustaría escandalizar al lector al ver normales las actitudes que horrorizan a la iglesia, los gobiernos, la sociedad, los vecinos, en el pasado, el presente y chance en el futuro; mironea (verbo suyo) caricias privadas y públicas, imagina que terminan en retozones, y más allá de casi todos los aficionados al tema, analiza lo que sucede después, casi con tanta curiosidad como los actos preliminares y los culminantes, con un lenguaje a punto de desbordarse; lo mejor, hace divertido lo tedioso, pues el antes y el ahora, así repetidos, se vuelven inocuos, repetitivos y previsibles; él, por el contrario, hace que se observen las obsesiones, las aficiones y las pasiones.

Así, pasa revista a la literatura, el cine, el teatro, la política, la historia, los rumores; muchas de sus páginas son entretenidas, casi todas interesantes, y aun tiene la capacidad de despertar la curiosidad, y las ganas de que tuviera ilustraciones excitantes, que él sabe seleccionar. Pero la edición va en contra del autor, descuidada y llena de erratas; lo hace parecer descuidado, apresurado y sin estilo. En otras páginas mostró que es buen escritor.

Vía El Universal.

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