Poemas de Álvaro Mutis

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Foto Internet
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Recordamos con algunos de sus bellos poemas al célebre escritor colombiano fallecido recientemente.

Álvaro Mutis, escritor y poeta colombiano radicado en México desde 1956, falleció el domingo 22 de septiembre en la Ciudad de México a los 90 años de edad. El deceso ocurrió tras una larga enfermedad que lo mantenía hospitalizado desde el domingo pasado, confirmó su esposa Carmen Miracle.

Para Mutis, la poesía era una vía de conocimiento para el acceso a universos desconocidos, a nuevos mundos donde fuese posible el amor y la buena muerte, según se consigna en una de sus múltiples semblanzas.

Recientemente cumplió su novena década y por ello se realizaron celebraciones literarias en su honor en su natal Colombia. donde el Ministerio de Cultura y la Universidad Nacional le organizaron un homenaje. Entre el 26 y el 29 de agosto de este año se realizaron lecturas de sus poemas, una mesa de debate, un ciclo de conferencias sobre su obra, exilio o figura, y se proyectaron ‘La mansión de Araucaima’ e ‘Ilona llega con la lluvia’, cintas basadas en sus novelas.

Nosotros, por nuestra parte, no encontramos otra mejor manera de recordarlo que reproduciendo algunos de sus hermosos y melancólicos poemas, disfrútenlos:

Amén

Que te acoja la muerte

con todos tus sueños intactos.

Al retorno de una furiosa adolescencia,

al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,

te distinguirá la muerte con su primer aviso.

Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,

te iniciará en su constante brisa de otro mundo.

La muerte se confundirá con tus sueños

y en ellos reconocerá los signos

que antaño fuera dejando,

como un cazador que a su regreso

reconoce sus marcas en la brecha.

El deseo

Hay que inventar una nueva soledad para el deseo. Una vasta  soledad de delgadas orillas en donde se extienda a sus anchas  el ronco sonido del deseo. Abramos de nuevo todas las  venas del placer. Que salten los altos surtidores no importa hacia dónde.

Nada se ha hecho aún. Cuando teníamos algo andado, alguien se detuvo en el camino para ordenar sus vestiduras y todos se detuvieron tras él. Sigamos la marcha. Hay cauces secos en donde pueden viajar aún aguas magníficas.

Recordad las bestias de que hablábamos. Ellas pueden ayudarnos antes de que sea tarde  y torne la charanga a enturbiar el cielo con su música estridente.

Cita

Y ahora que sé que nunca visitaré Estambul,

me entero que me esperan en la calle de Shidah Kardessi,

en el cuarto que está encima de la tienda del oculista.

Un golpe de aguas contra las piedras de la fortaleza,

me llamará cada día y cada noche

hasta cuando todo haya terminado.

Me llamará sin otra esperanza

que la del azar agridulce

que tira de los hilos neciamente

sin atenter la música

ni seguir el asunto en el libreto.

Entretanto, en la calle de Shidah Kardessi

tomo posesión de mis asuntos

mientras se extiende el tiempo

en ondas crecientes y sin pausa

desde el cuarto que está encima

de la tienda del oculista.

Señal

Van a cerrar el parque.

En los estanques

nacen de pronto amplias cavernas

en donde un tenue palpitar de hojas

denuncia los árboles en sombra.

Una sangre débil de consistencia,

una savia rosácea,

se ha vertido sin descanso

en ciertos rincones del bosque,

sobre ciertos bancos.

Van a cerrar el parque

y la infancia de días impasibles y asoleados,

se perderá para siempre en la irrescatable tiniebla.

He alzado un brazo para impedirlo;

ahora, más tarde, cuando ya nada puede hacerse.

Intento llamar y una gasa funeral

me ahoga todo sentido

no dejando otra vida

que ésta de cada día

usada y ajena

a la tensa vigilia de otros años.

 

Vía La Jornada.

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