‘El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante’

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El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante
El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante

Esta belleza cinematográfica combina sensualidad y gastronomía en un drama de estética soberbia  

Con este largo título (The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover) Peter Greenway creó, en 1989, una de las películas más controversiales y disímiles en cuanto a críticas se refieren. Desde  quienes  la deploran por una extravagancia innecesaria al son de una trama que no envuelve ningún conflicto importante, hasta los que la defienden animadamente y la catalogan como  una obra de arte en la que coexisten todas las bellas artes, son sólo algunos de los polos en los que se mueve este clásico del cine de autor.

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante

Ciertamente no es sencillo definir ‘El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante’  ante la cantidad de elementos que desde la primera escena nos abstraen a una atmósfera irreal, fuerte, barroca… para presentarnos una historia teatral, un drama sencillo: una infidelidad que tiene como marco principal el restaurante (y por concomitancia el chef) al que acude asiduamente un mafioso cegado por los placeres del paladar.

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante

Sin embargo, tampoco es imposible hacer una valoración en la que, siendo objetivos, no podamos destacar la maravillosa actuación de Helen Mirren, o de Sir Michael Gambon (“Albus Dumbledore” en Harry Potter y El Prisionero de Azkaban), quienes gracias a su formación teatral nos brindan esa intensidad que no vemos comúnmente en el cine, y que hace de ‘El cocinero….’ una especie de diálogo entre el teatro y el cine,  el cual se acentúa por el movimiento casi plano de la cámara, aunado a una oportuna banda sonora que remarca las emociones de manera precisa en esa atmósfera bizarra pero,  sobre todo, eróticamente sublime.

Te dejamos algunas razones más para verla:

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